Seguro que en algún momento, un conocido nos ha contado una reciente ruptura de una relación de pareja, y cómo se ha quedado emocionalmente después de ello.
A veces, se da la situación en la que tanta tristeza se vuelve desagradable de escuchar, y una reacción muy natural es la de “venga, ya deja de estar triste, y ponte a conocer más personas, dicen que un clavo saca otro clavo”.
No hay reglas sobre cómo hablar con quien acaba de romper con su expareja. Sí sabemos que este tipo de respuestas «resolutivas y directivas» pueden servir como un resorte para hacer pasar página a la persona y abrirse a conocer a nuevas relaciones. Pero también sabemos que pueden recibirse como una sensación de que NO se está escuchando con interés y honestidad la situación real por la que se está atravesando. Proponemos entonces conocer un esbozo de lo que sucede en el proceso de pérdida de una relación significativa, fenómeno que conocemos como duelo romántico.
En la primera etapa tras la ruptura existe una reacción natural de rebelarse contra la pérdida. Algo dentro insiste en que “no es posible que haya ocurrido”. Entonces las emociones y pensamientos tienen que ver con una revisión y lucha contra los motivos que han llevado a la ruptura: dudar de la propia actuación con culpa, rabia por que el otro no me ha tratado como me hubiera gustado, desinterés y desesperanza hacia otras relaciones…
En un segundo momento algo dentro deja ir la relación anterior, digamos que ya se puede imaginar el día a día sin ese vínculo que ha perdido, viendo que ya no es una posibilidad factible el recuperar la relación, aún a pesar del empeño. La ruptura inevitable de placeres compartidos, proyectos, seguridades… es dolorosa; y se siente impotencia, descontrol, rabia, tristeza… Es la vivencia de la pérdida propiamente dicha.
En la tercera etapa las emociones dolores disminuyen progresivamente su intensidad, y la pérdida se vuelve algo asumible, parte del devenir. Incluso uno puede valorar positivamente lo que sí llegó a disfrutar, aprender… y uno se abre a otras posibilidades de satisfacción que ofrece el mundo. Esta es una fase creativa, de dejar llegar lo que vaya viniendo, en la que con una actitud voluntariosa se abren nuevas realidades y experiencias.
Si un conocido está transitando por estas etapas, ¿cómo le puedo ayudar hablando con ella o con él? Proponemos que, conociendo la sucesión de sentimiento legítimos y parte de un proceso que tiene que tener lugar, tratemos de empatizar realmente con la persona, preguntando con interés por cómo se siente hacia la pérdida, hacia sí mismo, hacia otras relaciones o aspectos de su vida… La mayoría de las veces disponer de un amigo o ser querido que con curiosidad trata de entendernos, esta es la ayuda más grande.
Quizás también pueda ayudar, sin negar o tratar de prohibir que la otra persona se sienta así, el tratar de explorar otros intereses positivos que poder fomentar, y de esta forma limitar un poco la experiencia del dolor emocional: hábitos de cuidado como actividad física, planes de ocio, aficiones, diversiones placenteras con amistades, etc.
Dr. Francisco Javier López Cánovas
Coordinador de la Unidad de Salud Mental y Relacional (USMyR) del Instituto de Neurociencias VITHAS Madrid
